La gente a menudo me pregunta si una persona puede cambiar. Hay muchas expresiones comunes – una de las más usadas es “la gente no cambia” – que han convencido a muchos que el cambio personal no es realmente posible.
Pero la gente cambia todos los días, y a veces tremendamente en un solo momento.
Susan Scott dice:
“La gente cambia todo el tiempo y se olvidan de decírselo unos a otros.”
Todo está a nuestro alrededor y sin embargo nos cuesta aceptarlo.
¿Por qué?
La cuestión no parece ser si podemos cambiar, sino que es lo que hay dentro de nosotros que tiene la capacidad de cambiar.
Tal vez muchos estarían de acuerdo en que cada uno de nosotros tiene ciertos rasgos de personalidad y otras características fundamentales que definen nuestra manera única de ser y estos se mantienen relativamente fijos. Sin embargo, la forma en que expresamos estas características básicas y cómo esto afecta a nuestras vidas, nuestras organizaciones y a los que nos rodean, pueden variar significativamente.
Por ejemplo, yo puedo ser una persona emocional y esta característica estará conmigo siempre, de una manera u otra. Pero los factores que afectan a mis emociones, la forma en la que las trato y me comporto a consecuencia, así como mis reacciones afectan a los demás e informan de mi manera de ver el mundo, pueden cambiar con el tiempo. Drásticamente.
Por lo tanto, cuanto más luchemos contra la idea de ‘¿el cambio personal es posible?’, la gran ola de la literatura y servicios de desarrollo personal seguirá creciendo, lo que sugiere que tenemos esperanza en esas posibilidades.
Innovar…YO?
La innovación es un concepto tan importante en la época actual que ha tocado de todo, desde la tecnología y la ciencia hasta el arte y el diseño y más recientemente ha entrado en el ámbito social.
Algunas definiciones interesantes de la innovación han sido:
- El proceso que renueva algo que ya existe (definición Latina).
- Cambio que crea una nueva dimensión de desempeño (Peter Drucker).
- La forma de realización, la combinación o síntesis de los conocimientos en los productos o servicios nuevos, originales y valiosos. (Luecke y Katz, 2003).
Pero ¿cómo podríamos aplicar el concepto de innovación en nuestro propio desarrollo personal – en nuestra apasionada búsqueda de la paz, el cumplimiento, la felicidad – y aprovechar su potencial para ayudarnos a mejorar el bien común?
El concepto de innovación personal se ha acuñado anteriormente pero sigue estando relativamente poco desarrollado e indistinguible de la noción de desarrollo personal.
Me gustaría introducir una nueva definición y abrirlo a la ingenuidad de tus propios puntos de vista. Vamos a explorar esta idea en conjunto y ver cómo evoluciona.
Para mí la innovación personal, no trata sólo del desarrollo, el cambio o mejora. Es una manera de acercarse a nosotros mismos con toda la capacidad de nuestra sabiduría y la curiosidad y la apertura a comprometerse con el mundo exterior y jugar libremente con innumerables ideas emergentes que pueden ayudar a hacer un cambio profundo en nuestras vidas y a nosotros mismos.
Muchas veces cuando nos acercamos a los objetivos personales y a los cambios necesarios para alcanzarlos, podemos quedar cegados por la urgencia inmediata, obligaciones, las presiones sociales, el miedo, la inseguridad y todos los riesgos y obstáculos que se interponen en nuestro camino. Esto puede reducir nuestra capacidad de ver el espectro completo de soluciones viables y el peso de tales presiones emocionales pueden dificultar nuestra capacidad de obrar, o incluso afectar al trabajo necesario para encontrar lo que buscamos.
El resultado: innumerable tiempo y recursos gastados en productos de desarrollo personal y servicios, dando poco o ningún resultado, con un sentido cada vez mayor de la “imposibilidad” de lograr lo que queremos.
Pero ¿y si pudiéramos empezar desde un punto de curiosidad… viéndolo como un reto o proyecto “externo”, evitando (al menos de momento) los ruidos internos que podrían obstaculizar la investigación de ideas y el juego necesario para explorar las soluciones más eficaces?
¿Y si pudiéramos suscribir a la antigua creencia de que ‘todo lo que necesitamos, ya lo tenemos’? Y siguiendo la definición original en latín, que para facilitar la renovación de lo que ya existe dentro de nosotros, tenemos que ser capaces de aprovechar todo nuestro potencial y el del mundo que nos rodea. Y eso significa jugar. Significa lo inesperado. Significa caminar entre mundos diferentes y combinar creativamente lo que está aparentemente sin relación, para innovarnos. Significa reconocer nuestros miedos y luchas suavemente y luego dejarlos a un lado y saltar… con los dos pies, y probar.
Emilio Duro dice:
“Cuando alguien evoluciona, también evoluciona todo a su alrededor.”
Así que en lugar de comenzar con los consejos y otras instrucciones sobre cómo cambiarse, vamos a empezar con las preguntas.
¿Qué es lo que pretendo no saber (pero si que lo sabes en el fondo)?
¿Cómo funcionarias si ya hubieras logrado este cambio?
¿Qué hay en lo que te rodea, aparentemente no relacionado que te da la fuerza, la sabiduría y la inspiración?
¿Si esto fuese el objetivo de otra persona ¿qué podría hacer?
Comparte con nosotros tus ideas y siéntete libre siempre para ponerte en contacto conmigo.

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